
El serumano, que es como que te dijera que soy yo, se debate, entre otras batallas, en la bicuniforme canalidad de ser: feliz o melanco, prohombre o canalia, gerente o poeta, brazo de acción o sillón reflexivo, vale sentenciar: el Chipi o T.S.
Preguntadelanza: ¿Dejar que la vida a uno lo pase por encima artísticamente o acumular dinero merced horas de trabajo e impetuosidad? ¿lo griego o lo romanos? ahh cuántas dudas...
La colisión de estas dos fuerzas son el aire y la llama de este fuego (digamos) que es un hombre (digamos, nuevamente) ¿To be gray or multicolour? That is the question. En posteos subsiguientes iremos entretodos dilucidando la cuestión y, a un tiempo, realizarnos de qué somos. Alto desafío.

Agradecemos a http://www.enunabaldosa.com/ por la foto del Sr. Barijho, tomada de la sección "Malvesttiti" cuyo comentario pegamos así: A las prendas de Antonio Barijho por separado no se las puede criticar, aunque ver a un futbolista profesional con la camiseta de algún equipo suele ser bastante extraño, más aún si no es una producción por una transacción.Pero el corte de pelo, la cara y el que viene caminando atrás con calzas y bolsas dan que hablar.El paisaje también, con piletones naturales y llanura, aunque es la muestra de una realidad. Un Chipi aún no civilizado, después llegó Bianchi con sus jaulas, lo encerró y lo llevó a la ciudad.
La de T.S Eliot no se la agrademos a nadie.
La colisión de estas dos fuerzas son el aire y la llama de este fuego (digamos) que es un hombre (digamos, nuevamente) ¿To be gray or multicolour? That is the question. En posteos subsiguientes iremos entretodos dilucidando la cuestión y, a un tiempo, realizarnos de qué somos. Alto desafío.

Agradecemos a http://www.enunabaldosa.com/ por la foto del Sr. Barijho, tomada de la sección "Malvesttiti" cuyo comentario pegamos así: A las prendas de Antonio Barijho por separado no se las puede criticar, aunque ver a un futbolista profesional con la camiseta de algún equipo suele ser bastante extraño, más aún si no es una producción por una transacción.Pero el corte de pelo, la cara y el que viene caminando atrás con calzas y bolsas dan que hablar.El paisaje también, con piletones naturales y llanura, aunque es la muestra de una realidad. Un Chipi aún no civilizado, después llegó Bianchi con sus jaulas, lo encerró y lo llevó a la ciudad.
La de T.S Eliot no se la agrademos a nadie.
3 comentarios:
cin emvargo chupi andubo paceando su talento por elfutbol de suiza, paiz dicen, ultra dessarrollado y adonde ban a parar todas las vajijasdedinero q se escapan de paices menores como el nuestro. escuchemos q decia barijo al respeto: "Para que te den algo, tenés que estar al borde de la muerte... No saben lo que es infiltrar ni nada de eso. Yo me lesioné a principios de año y ni pelota me dieron. Sufrí un esguince en mi tobillo derecho. Y como el entrenador me pedía jugar, jugué. Y se me complicó todo. Perdí músculo y el dolor cada vez se hizo más intenso. No lo aguantaba. Tuve que ir por las mías a una clínica. Y cuando estuve en Buenos Aires, me hice curar por Leo Betchakian, el kinesiólogo de la tercera de Boca". acumular la tarasca o no perder el talento?? chipi, principe y mendigo.
también le afanó una cadenita a un defensor contrario esperando un corner...pero estas son sólo gracias del Chipi... la madera de su médula, ese es mi tema. Más allá de sus desvaríos...ellos son las mordidas de banquina de su propio y verdadero camino que es el del epicurianismo o como quiera se diga. Apoyado en los ladrillos de enfrente, T.S. Eliot medita sobre religión lo que se dice católica de mentes laicas. Y se despacha con unos poemas larguísimos sobre el tiempo, la salvación y el tiempo de la salvación. Me parece me estoy poniendo mojigato. Este es un blog para la confusión.
Dylan: retrato del artista helado y distante
Pocos dudan del espacio clave y personalísimo que ocupa Bob Dylan en la música popular del siglo XX. Muchos de esos admiradores, sin embargo, salieron el sábado desilusionados o decepcionados del notable recital en el que el creador y su deslumbrante banda parecieron pintar por siempre jamás las gradas de Vélez con los colores más altos del folk, el blues y el rock.
Desde luego parte de esa frustración fue porque Dylan, si bien tocó algunos de sus hits históricos, lo hizo rigurosamente apegado a la forma con que interpreta los temas hoy: una manera bluseada y eléctrica, que los vuelve casi irreconocibles. A eso hay que sumarle que hubo quienes sostuvieron que el sonido falló en ciertas zonas del estadio.
Pero quizás el nudo de la cuestión esté en la personalidad de Dylan. La abrumadora mayoría de la gente del espectáculo, se trate de músicos, actores, bailarines -ni hablar las divas de la ópera-, trabajan para el aplauso y consideran la aprobación del público como un bien supremo. El rating sería la máxima expresión de esa fórmula masiva: las cosas no se miden por su calidad sino por su éxito.
Seco, magro, vestido de negro como extraído de una vieja película de cowboys, con una suprema voz aguardentosa, Dylan -que subió al escenario sin saludar y se fue de la misma manera- es lo contrario del artista que desea el reconocimiento. La única vez que habló fue para presentar, de manera casi ininteligible, a los músicos de la banda. Antes y después se dedicó con una seriedad no interrumpida por sonrisa alguna a inundar de música de primera un rincón del mundo que seguramente ni figura en su cartografía.
Algunos hablaron de soberbia, de arrogancia; otros lo tacharon de "agreta". Seguramente Dylan sabe de sobra el lugar que ocupa ya en la historia y eso pueda contribuir a esa lejanía imponente que precisamente impone con el público.
Pero quizá sólo se trata de puro y extremo profesionalis mo. Dylan es un gran músico, no un showman. No juega para la tribuna. No cae en la demagogia facilonga. No baila, no sonríe, no grita "¡Buenas noches, Argentina!", no se enfunda en una camiseta de la Selección nacional, ni quiere que nadie bata las palmas. Da la impresión de que le importa un pepino los que piensen los otros sobre lo que él hace.
Sin embargo, ofrece a cambio, en su estilo actual -guste o no-, calidad extrema. Federico Monjeau, crítico musical, escribió en Clarín: "Difícilmente haya otra banda en el mundo con un sonido parecido".
Porque más allá de su simpatía nula y su ensimismada sobriedad, Dylan exhibió el sábado quizás el respeto mayor que un artista puede mostrar hacia quienes lo escuchan: les entregó una música inolvidable, en una noche que muchos no podremos olvidar.
(Columna Disparador publicada en Clarín el 19 de marzo de 2008)
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